La selección española: ocho años ya sin oler unas semifinales

Desde que hace 8 años España fuese plata en el Mundial de Roma, el podio para el combinado masculino en cualquiera de las tres grandes competiciones internacionales se ha convertido casi en una quimera. Tan cierto es que hay decenas de matices en cada torneo, como que los resultados son al final los que perduran y marcan la historia de una trayectoria que en los últimos años no parece terminar de coger un buen camino. En Budapest la consigna estaba clara. Proyecto nuevo de David Martín que tenía el principal objetivo de ensamblar el nuevo equipo de cara principalmente al próximo Mundial de 2019 que servirá como prueba definitiva hacia los próximos Juegos. El ciclo es largo y la preocupación por el resultado obtenido en Hungría no debería ser demasiado acuciante, pero el próximo verano el Europeo se celebra en casa, y ahí sí que la Federación y el cuerpo técnico quieren dar el salto que haga confiar de nuevo en las opciones de pelear por todo.

Una descafeinada sensación

España acabó en novena plaza, dejando una sensación diferente a la que teníamos tras los Juegos de Río el pasado verano, donde fuimos primeros de un grupo durísimo. La imbatible Serbia se cruzó inesperadamente en el camino tras una fase de grupos calamitosa para dejarnos fuera y ser finalmente séptimos. En 2016, la selección también acabó primera de su grupo en el Europeo para terminar quinta derrotando a Italia. Antes, Grecia en cuartos nos eliminó en un encuentro desastroso de los nuestros, que solo pudieron hacer dos dianas. Ese quinto puesto, repetido en el Mundial de Barcelona en 2013 y en el de Shanghai en 2011, es el mejor resultado de España en cualquier torneo desde 2009, y en ambos, Italia fue nuestro verdugo en cuartos.

“Tan maldita está la fase de cuartos como algunos rivales que nos empiezan a parecer imbatibles cada vez que nos enfrentamos a ellos”

En el Europeo de 2010, una fase de grupos donde solo se ganó un partido de cinco, perdiendo tres por la mínima, nos condenó a un octavo puesto para olvidar, un escalón por debajo del séptimo conseguido en Eindhoven dos años más tarde tras otra fase de grupos a un bajo nivel. Fue en año olímpico. Llegaba Londres con muchas dudas y fue un torneo donde la selección pasó de puntillas. Terceros en un grupo con Croacia e Italia, Montenegro nos apeó en cuartos para terminar sextos finalmente. En 2014 no mejoró la participación en una fase de grupos de un Europeo, torneo que históricamente siempre ha sido más una piedra en el camino que una oportunidad de vencer. Apeados en fase de grupos se terminó en séptima posición.

Desde que la selección española consiguió la plata en Roma en 2009, no hemos vuelto a superar unos cuartos de final en un gran campeonato. A la hora de la verdad, los grandes rivales se hacen casi tan grandes como los molinos al señor de la mancha, y no hay lugar para la sorpresa. Tan maldita está la fase de cuartos como algunos rivales que nos empiezan a parecer imbatibles cada vez que nos enfrentamos a ellos. En cualquier caso el proyecto de David Martín no ha hecho más que comenzar y ahora hay un año por delante para llegar a Barcelona y romper esta racha en el mejor escenario posible.

twitter-bird@agustiniglesias

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