Cuatro años con la herida de Barcelona 92 abierta

Perdimos, pero creo que protagonizamos una época gloriosa en el waterpolo que quizá comenzó aquel día“. Así de rontundo se mostró Dani Ballart cuando le preguntamos sobre la final olímpica que hace 25 años perdió la selección española ante Italia en las Picornell. El ahora entrenador del CN Sant Andreu fue uno de los integrantes de la mejor generación que ha dado nuestro país y testigo directo de sus principales conquistas deportivas. El campeón olímpico se pasó 4 años dándole vueltas a la cabeza. “Parece que sea una exageración, pero es una realidad. Lo pasé muy mal para conciliar el sueño y dormir de una manera continua, sin pesadillas”.

“En 10 años hicimos cosas increíbles y cada año luchábamos por una medalla de oro o jugar una final, fue extraordinario”

Dicen que en la derrota se aprende más que en la victoria, pero que se lo digan a una generación con la oportunidad única de conseguir un oro olímpico en casa. “En aquel momento no entendimos el valor que tenía la plata, se nos hizo de noche. Hasta que no llegó el oro de Atlanta realmente no pudimos apagar aquel fuego, cerrar las heridas y descansar tranquilos”.

Una plata valorada con el tiempo

Veinticinco años después, Ballart le otorga valor a esa plata. “Seguramente ese fue un paso para coger más experiencia y el futuro nos tenía preparada una recompensa, con el oro olímpico en Atlanta 96 y los oros mundialistas en Perth 98 y Fukuoka 01”.



Analizando esa final del 92, el actual entrenador del CN Sant Andreu comentó que la explicación a las derrotas no es siempre deportiva. “Cuando juegas en casa hay una presión añadida que nadie puede conocer. La mochila que teníamos aquel día estaba llena de piedras, llevábamos un trozo de la ilusión de toda la gente que nos estaba viendo, a parte de nuestra ilusión”.

“Los italianos estaban mucho más sueltos y tranquilos, no jugaban en casa y estaban acostumbrados a una liga con miles y miles aficionados cada día”, apuntó también Ballart. “Nosotros nos encontramos con prácticamente 14.500 personas animando a España de las 15.000, sabíamos toda la gente que nos estaba viendo en casa y sucumbimos a la presión”.

“Una generación de oro”

El grupo que se rehízo después de la derrota en la Picornell con una Olimpíada y dos mundiales no fue una selección cualquiera. “Los números, las finales jugadas y las medallas claramente nos sitúan como la mejor generación que ha dado este deporte en España”, aseguró Ballart. “En 10 años hicimos cosas increíbles y cada año luchábamos por una medalla de oro o jugar una final, fue extraordinario”, sentenció.



Ballart valoró también el éxito del equipo nacional de waterpolo en términos generales. “En una época en la que el deporte español no conseguía medallas, el waterpolo se posicionó para todo un país, convirtiéndonos en los referentes en cualquier competición”.

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