Las Islas ansían el waterpolo de antaño

Si se siguen los pasos adecuados, la Copa del Rey podría convertirse en el germen que lleve al waterpolo canario a recuperar el protagonismo que durante años tuvo en el panorama nacional e internacional

Una imagen de la final / JOSEP ARNAU (ATELIER PHOTO)

A penas tenía dos años cuando mi hermano me lanzó una día a la piscina sin tener ninguna idea tan si quiera de lo que era dar una brazada. Con el paso de los años, pasaba grandes jornadas en una piscina que tenía un movimiento diario espectacular. Las calles estaban siempre llenas debido al alto número de deportistas que cada tarde practicaban su disciplina acuática. El único momento en el que la calma llegaba a esa Piscina Municipal de Puerto de la Cruz era a partir de la ocho de la noche, cuando todo el mundo parecía pararse para que el primer equipo del CN Martiánez entrenara.

Era sin lugar a dudas la referencia del Club, pero también del municipio y de toda una Isla. Cada sábado, la pileta se llenaba de aficionados (en su mayoría aficionados al deporte que apenas sabían lo que era el waterpolo). Lo importante era animar a un equipo que con los años había logrado ganarse el respeto de los grandes colosos venidos de Cataluña. Ganar en Puerto de la Cruz se pagaba muy caro. La piscina, la instalación, la cercanía del público o quizás las ganas que ponían esos jugadores era determinante para que los denominados grandes de aquella época se vieran sometidos a la tiranía de un equipo por el que pasaron grandes estrellas nacionales e internacionales, muchas de ellas desconocidas y que después protagonizaron dilatas trayectorias. Caso del rumano Florín Bonca o de Amaurys Pérez, ahora estrella social y deportiva en Italia.

Nadie dudaba del poder de ese CN Martiánez y del peso que ganó en Tenerife el waterpolo. Todo el mundo se quería interesar por nuestro deporte sin importar su lugar de origen. Con el paso de los años y debido en gran parte a la mala gestión deportiva y económica (olvidando sobretodo el significado de la palabra cantera) el proyecto que en su momento llevaron a cabo dirigentes de la categoría de D. Roberto Hernández o D. Isidoro Sánchez terminó por llenarse de carencias, hasta tal punto que a día de hoy este club tan mítico y todo un emblema de Tenerife en su momento no cuenta con sección de waterolo. Entre todos la mataron y ella sola se murió.

Por suerte, poco tardó el Echeyde en coger el relevo, aunque el salto a la élite se hiciera de esperar. El trabajo constante y decidido de un grupo de fanáticos del waterpolo provocó que de nuevo el nombre de Tenerife sonara en las piscinas de los mejores equipos del país. Atrás quedaron jugadores, entrenadores, promociones y horas de entrenamiento. Pero sobretodo aún queda lo más complicado: consolidarse y mantener viva la llama por el waterpolo. No será nada fácil, puesto que en estos años de ausencia canaria en la élite las diferencias en cuanto al nivel de profesionalización han crecido a pasos agigantados.

Soy consciente que recuperar la esencia de aquel Martiánez y de aquella piscina es a día de hoy una simple utopía, pero lo vivido el pasado fin de semana en la Acidalio Lorenzo es sólo el primer paso para lo que le puede esperar en un futuro al waterpolo de la Isla. Un waterpolo que ansía la élite y que cuenta (y eso es lo más importante) con unos cimientos fuertes, con un trabajo de cantera relevante y con una serie de actores (incluyendo clubes) que tienen la intención de hacer grande el waterpolo canario. Evitando los errores del pasado y sabiendo la importancia del siguiente paso, la Copa del Rey 2018 podría convertirse en el germen de una nueva era dorada para el archipiélago canario. Que así sea.

twitter-bird@etoster

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