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El Atlétic Barceloneta, o cómo caer con la cabeza bien alta

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Al igual que de morir, hay miles de maneras de despedirse de una competición. Cuando lo tienen todo en contra, algunos prefieren tirar la toalla. Cuando ven que no tienen nada que hacer, otros bajan los brazos. Hay quien deja de pelear cuando ve que lo tiene todo perdido. Muchos ni llegan a intentar superar situaciones completamente adversas y directamente abandonan.

Pero también hay equipos que tiran de amor propio, que luchan hasta el final, que no se rinden, que persiguen sus sueños por muy difíciles que sean, que creen en los milagros, que lo dan todo, que no se guardan nada, que muestran un gran pundonor, que hacen que sus aficionados se sientan orgullosos y que prefieren caer con la cabeza bien alta.

¿Les suena este segundo caso? Sí, les hablamos del Barceloneta, que ayer, a falta de una jornada, perdió todas sus opciones de acudir a la Final Six de este año. Quedó eliminado de la Champions a pesar de haber logrado un claro triunfo ante el Hannover. Una victoria que no les sirvió para nada porque el todopoderoso Eger cumplió con todos los pronósticos e hizo sus deberes ante el Partizán. Por cierto, un Partizán que, a pesar de acabar cayendo por una amplia diferencia, seguro que hizo sudar a más de un aficionado húngaro – y soñar a todos los marineros – cuando se puso por delante en diversas fases del encuentro. Nadie esperaba nada de ellos y mira, ahí estuvieron, a punto de dar una alegría a unos y un disgusto a otros.

Pero volvamos a lo que nos ocupaba al comienzo de este texto. Te duela o te haga feliz su eliminación, la realidad es que los de Chus Martín pueden estar felices con su rendimiento en el duelo contra los alemanes. Al menos, nadie les puede reprochar que no lo intentasen. ¿Qué me dicen de ese espléndido primer cuarto en el que dejaron prácticamente el partido sentenciado y de la gestión de la ventaja? Sí, mirando el marcador puede parecer que el partido fue más ajustado, pero la sensación que dieron fue de control total. Al menos, durante los minutos en los que seguían vivos en la competición, en los que no habían sufrido todavía un más que lógico bajón anímico que también pagaron en el aspecto físico y que el Hannover aprovechó para maquillar el marcador.

EL ESPÍRITU LUCHADOR

¿Que hubo un instante en que todo cambió? No lo negaremos. En cuanto acabó el partido del Eger, momento en el que también se produjo un silencio en la Sant Sebastià, el Barceloneta, en cierto modo, se hundió. Pero es que es imposible que no te afecte el hecho de enterarte de que, por muchos esfuerzos que hagas, estos no van a servir para nada. Son también momentos en los que, a pesar de que eres consciente de que ya no puedes arreglarlo, recuerdas el pasado y te preguntas qué habría pasado si, por ejemplo, en el partido de la primera vuelta Estrany no hubiese empatado el partido en el último minuto.

Una vez aceptada esta situación, no cabe otra que hablar del orgullo de este equipo que peleó hasta el final con la voluntad de despedirse con una victoria de la Champions como local y darle una alegría, un tanto agridulce, a sus aficionados. Un Barceloneta que apuró hasta el último segundo y mantuvo su sueño de acudir de nuevo a una nueva Final Six. Una fase final que no se perdían desde el año 2013. Repito, desde el 2013. Dicho de otro modo, han estado entre los 6 mejores equipos de Europa – y por qué no, del mundo- durante las útlimas cuatro temporadas. ¿Se dice rápido verdad? Sin duda, es un dato que, en fechas como estas, cobra un mayor valor.

¿Volverán? Al menos, lo intentarán. No lo duden. De momento, como decían en una publicación en sus redes sociales, este año han caído con la cabeza bien alta. Y ahora, que se prepare su próximo rival, que alguien tendrá que pagar los platos rotos.

twitter-bird@nicolasarlanzon




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