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Jordi Sans: “El error de Dragan Matutinovic fue tirar demasiado de la cuerda”

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Tras pasar 30 años en el agua, hoy, con 52 años, Jordi Sans no es capaz de olvidar algunos de los mejores momentos de su vida. Muchos de ellos pasan por su etapa en la selección española. ‘Chiqui’, que fue internacional en 483 ocasiones, fue uno de los estandartes de la mejor generación del waterpolo española. Todavía entiende que en una disciplina tan severa y exigente hay que llegar al límite para lograr éxitos. Es por ello que nunca ha dudado en defender el trabajo de Dragan Matutinovic al frente del equipo nacional. “Soy uno de los defensores, puesto que necesitábamos un cambio y ese cambio nos lo dio él“, reconoce Sans en esta entrevista concedida a WATERPOLISTA.com donde valora con total franqueza esa grandilocuente época.

– ¿Cómo resumirías en una palabra tu carrera como deportista?
“En una palabra es muy difícil, pero en muy pocas diría “la mejor experiencia de mi vida”.

– En sus terceros Juegos (Barcelona 92), usted se colgó la que define como “la plata más llorada de la historia” y la primera para la selección española. Fue tras perder una “dramática” final ante Italia (8-9), con tres prórrogas agónicas, ¿cuánto tardó en superar la derrota?
“Bastante tiempo. La verdad es que de entrada te puedo decir que tardé dos horas en salir del vestuario, llorando, tirando sillas por los suelos, evidentemente de la rabia más que de la tristeza en ese momento. Por la noche había la clausura de los JJOO, ni tan sólo fui. Entonces ahí fue donde me di cuenta de la realidad de la soledad del deportista, después de estar mucho tiempo entrenando con tus compañeros, cada día, ocho horas diarias, coges las maletas de la villa olímpica y te marchas a casa y allí estás sólo. La verdad es que siempre digo es que al día siguiente vuelve a salir el sol en todas las cosas, pero tardó mucho en que saliera. Durante muchos días, diría incluso algunos meses, lo vi bastante nublado todo”.

– ¿El éxito en otros deportes supuso más presión?
“No, nosotros teníamos muy claro que nuestro objetivo era conseguir una medalla. Lo que pasa es que cuando llegas a una final como la que llegamos nosotros en Barcelona, con tu público, con tu gente, con tus amigos, con tu familia, etc. Serías tonto si no quisieras ganar la medalla de oro. Nosotros no pensábamos absolutamente en las medallas que habían conseguido otros o las que no habían conseguido, nosotros lo que queríamos era jugar esa final y ganarla. Pero tenemos que reconocer, y yo siempre he dicho, que hubiésemos podido ganar, perdimos, pero que a los puntos, si fuera boxeo, Italia merecía esa victoria y eso también nos sirvió como experiencia para otras finales que a posteriori ganamos”.

“Si soy uno de sus defensores, de los pocos defensores que creo y vuelvo a repetir que necesitábamos ese cambio. Y ese cambio nos lo dio Dragan”

– ¿Guarda aún la medalla? ¿Conserva algo más de Barcelona 92?
“Evidentemente. Tengo una vitrina en casa y guardo lo que para mi son cosas muy preciadas. Por ejemplo, la pelota de la final olímpica de Barcelona 92 me la quedé yo, está firmada y dedicada por todos los jugadores. Al igual que además, lo corroboran las imágenes, en Atlanta cuando ganamos el oro, también. Era una competición paralela que teníamos Jesús Rollan y yo, ver quien se quedaba las pelotas de las finales. Yo me quedé la de Barcelona 92 y Atlanta 96. Él me ganó la partida y se quedó la del 98 cuando quedamos campeones del mundo. Pero sí, evidentemente la tengo en un sitio prioritario junto a la medalla de oro”.

– ¿Recuerda alguna anécdota de la concentración previa a los Juegos?
“Anécdotas pocas te puedo decir porque estábamos muy centrados en esa preparación tan dura que llevamos a cabo para llegar en el mejor estado posible. Lo que si que recuerdo es que pasamos mucho tiempo en Andorra, entrenando entre 8 y 9 horas de reloj, cada día. Entonces, cada dos días y medio, nos daban una tarde de descanso y aquella tarde me acordaré toda la vida, que parecíamos niños de párvulos porque nos transformábamos totalmente, después de esa presión que teníamos constante durante tantas horas, pues bueno, las anécdotas era reírnos juntos, explicar aventuras, hacer chiquilladas, vamos a decirlo así… Me acuerdo mucho de este tipo de situaciones”.

– Cuentan alguno de sus compañeros que a muchos se le cayeron las uñas tras correr más de 13 kilómetros durante la concentración en Andorra…
“Bueno, yo creo que soy uno de los pocos jugadores que, no te digo que defienda esa preparación, pero sí que digo que fue necesaria. Nosotros éramos un equipo bastante travieso, bastante poco concentrado en las cosas… Entonces, evidentemente, esta fue la etapa de Dragan Matutinovic. Él no sólo nos preparaba físicamente, sino que esas ocho o nueve horas al final también servían psicológicamente. Y repito, yo también lo pasé muy mal, como la gran mayoría de compañeros pero no tenemos que olvidar que pasamos de ser un equipo de promesas a ser un equipo, que prácticamente en todas las competiciones tanto europeas como mundiales o JJOO, con Dragan Matutinovic conseguimos una medalla, en este caso la de plata. Eso nos sirvió para llegar a una madurez y después conseguir esas medallas de oro”.

– ¿Cómo definiría al yugoslavo Dragan Matutinovic?
“Lo definiría como la persona más dura que he tenido yo a nivel de entrenamientos, pero a su vez tuvo muchos momentos que podía haber abandonado a jugadores en situaciones muy complicadas que hubieron y en ningún momento los abandonó. Por tanto, también en algunos momentos, podemos decir que era humano”.

Jordi Sans hizo balance de la época en la que el waterpolo españl estaba en boca de todo el planeta / JOSEP ARNAU (ATELIER PHOTO)

– Usted se ha llegado a definir, incluso, como uno de sus defensores…
“Sí, sí… Yo siempre lo he dicho, también he dicho que fue muy duro, que los métodos quizá se hubieran podido hacer de otra manera, que tiró demasiado de la cuerda durante demasiados años. Creo que ese fue su error, tirar demasiado y entonces la cuerda se rompió. Hubiese tenido que ser capaz a los dos años aflojar un poquito, sobretodo a parte del tema de los entrenamientos, psicológicamente saber tratar mejor a la gente. Pero si soy uno de sus defensores, de los pocos defensores y vuelvo a repetir que necesitábamos ese cambio. Y ese cambio nos lo dio Dragan”.

– Tras esta amarga final en la ciudad condal, cuatro años más tarde (Atlanta 96) usted fue uno de los héroes de la final ante Croacia tras anotar uno de los goles claves…
“Bueno, anoté dos de los goles. Uno me acuerdo perfectamente: fue en superioridad numérica. Se me paró la cabeza y en vez de lanzar como tenia que lanzar y esperar la jugada, tal y como recibí la exclusión lancé de revés, que era de espaldas a la portería que era una de mis especialidades. Son aquellas jugadas que si te salen eres el héroe, pero si llego a fallar probablemente mis compañeros me hubiesen matado. Evidentemente, el gran recuerdo fue el último gol de esa final que a posteriori nos dio, con todos los goles de mis compañeros, esa medalla de oro y esa dedicatoria que le pude hacer a mi hijo, porque era muy pequeñito. Había estado muchos meses fuera de casa, y lo primero que me vino a la cabeza fue dedicarle ese gol”.

– Después llegó el Mundial de Perth 1998…
“Nosotros habíamos estado en Perth en otro mundial en el año 91, precisamente con Dragan Matutinovic. Allí llegamos a la final haciendo un mundial increíble, llegamos a la final donde nos topamos con la antigua Yugoslavia, o sea que si lo extrapolamos a ahora, era Croacia, Serbia, Montenegro, todos juntos… Era un equipo brutal, delante el que perdimos en el último momento. Para nosotros, Perth tenía un grato recuerdo por el año 91. Yo creo que con la confianza que cogimos en el 96 cuando ganamos la medalla de oro olímpica y esa madurez, que he dicho antes que confluyó con el hecho de tener 4 o 5 jugadores que creo que eran de los mejores del mundo, fue lo que nos hizo volver a conseguir el éxito en una final también contra Hungría que era la favorita”.

– ¿Le hubiese gustado estar en el Mundial Fukuoka 2001?
“Evidentemente que me hubiese gustado pero hay un momento en que uno se tiene que plantear la vida. Yo durante muchos años compaginé trabajo, estudios y deporte de alta competición y después de Sídney, fueron mis cinco juegos olímpicos. Entonces me tuve que hacer un planteamiento para seguir en mi futuro y ese planteamiento pasó por no seguir con el equipo nacional, porque me daba ese tiempo que yo necesitaba también para mi trabajo, para completar mis estudios. Tenía que tomar una decisión y pensé que era el momento de tomarla. Pero cuando uno toma una decisión de este tipo después no se trata de arrepentirse”.

– ¿Sigue en contacto con sus compañeros?
“La verdad es que no tengo contacto con todos, porque la vida nos lleva a cada uno por sitios distintos, algunos están en Madrid, otros estamos en Barcelona, unos más involucrados en el deporte, otros menos. Pero hay 5 o 6 jugadores que si que tenemos bastante contacto y eso nos ayuda precisamente, cuando hablaba con Toto, a recordar grandes momentos que pasamos. Y muchas veces, también malos, porqué de los malos es cuando se aprende2.

“El gran recuerdo fue el último gol de esa final de Atlanta 96 que a posteriori nos dio, con todos los goles de mis compañeros, esa medalla de oro”

– ¿Qué queda tras la élite?
“Amistad. Hay gente que le sorprende cuando hablo de esto, pero yo siempre digo que esa vitrina de la cual te he hablado antes, donde yo tengo esas medallas tan preciadas para mi, esos balones, otros recuerdos… quedan ahí, en una vitrina. A mi lo que me ha dado el deporte es tener unos amigos, tener unos compañeros con los cuales, muchos de ellos, sigo teniendo este contacto y esta amistad que dura para siempre. Por tanto, yo puedo definir, que lo que me queda del deporte son grandes recuerdos en esa vitrina, pero en el presente son grandes amistades”.

– ¿Cómo recibió la noticia de la muerte de Jesús Rollán?
“Me acuerdo tan bien… Iba con el coche por el autopista por mi trabajo, yo soy el presidente de la UFEC e iba a inaugurar unas instalaciones en la ciudad de Salt. Me llamó Manel Estiarte y me dijo “tengo una mala noticia que decirte… Jesús ha muerto”. Recuerdo perfectamente que tuve que parar el coche en la cuneta y me puse a llorar… No entendía lo que había pasado. Entonces me enteré un poco de todo, fue muy duro, porque además yo tenía que ir a la inauguración esta porque era una de las principales personas y tuve que ir. Pero la verdad es que me quedé destrozado. Aun ahora, hablando de Jesús me emociono muchísimo. Casi, casi cada día hay un momento, que por una cosa o por otra, siempre sale Jesús en mi mente”.

twitter-bird@etoster




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