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Los Juegos del hambre

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Los chicos de Gabi Hernández acabaron en Río en séptimo lugar / EFE

Los chicos de Gabi Hernández acabaron en Río en séptimo lugar / EFE

Veinte años han pasado desde el mayor éxito de la historia del waterpolo español. Veinte años donde por distintos motivos, el podio olímpico siempre acaba siendo una quimera para la selección. Desde que España reinase en la última década del siglo XX, el waterpolo ha ido sufriendo una transformación constante debido a los cambios geopolíticos sufridos por la Europa del Este. Un deporte netamente dominado por los europeos, en concreto por los orientales, que ha visto aumentada su competencia y su nivel, complicando aún más el hecho de abrirse hueco en la élite de las competiciones internacionales. Donde antes dominaba Yugoslavia, ahora lo hacen Croacia, Serbia o Montenegro por separado. La tiranía húngara ya agacha la cabeza ante el dominio de los balcánicos, mientras Italia trata de aguantar el tirón. Por otra parte, un duro hueso como siempre fue la Unión Soviética, transformada en la nueva Rusia, ha perdido fuelle en los últimos años. Al margen de las grandes potencias, la clase media también crece. Estados Unidos trata de mantenerse con un buen bloque, y Grecia continúa siendo un quebradero de cabeza de forma habitual. España aprovechó a un equipo de élite para ser campeón olímpico en 1996 tras la decepción de Barcelona, que también tuvo su recompensa, aunque fuese menor a lo que se buscaba. Desde que Joan Jané coge el equipo, más allá del oro olímpico, España gana dos campeonatos del Mundo en 2001 y 1998, y es subcampeona en 1994. En el 2000 España fue a Sydney a tocar metal, presentándose en cuartos y cargándose a Croacia para llegar a semifinales. En un polémico partido frente a Rusia, España queda apeada a luchar por el bronce tras jugar tres tiempos extra y caer 8-7 al final. Jané fue expulsado y Chava Gómez inhabilitado para jugar frente a Yugoslavia por el tercer puesto. A los inconvenientes se le unió el cansancio por el duro partido de semifinales, por lo que aquel encuentro fue testimonial, acabando con derrota por 8-3. No fue la mejor despedida para Estiarte, pero este equipo que parecía llegar a su fin, todavía tuvo un último aliento para ser campeón del mundo al año siguiente.

ATLANTA, SIEMPRE  EN NUESTROS CORAZONES

Para Atenas, aquella generación ya era historia, dejando Jané el equipo a final de año. Desde 2004, España no ha pasado de cuartos de final en unos Juegos, siendo además los verdugos siempre los mismos. Serbia y Montenegro se deshizo fácilmente de los nuestros por 7-5. Tras una discreta fase de grupos donde fuimos vapuleados por griegos y alemanes, estos últimos nos volvieron a ganar en la lucha por el quinto puesto, relegándonos a la sexta plaza. Cuatro años después, los serbios ya con un Montenegro independiente, fueron terceros de grupo y se volvieron a cruzar en nuestro camino. Una impecable primera fase de la España de Rafa Aguilar, donde solo cayó con los intratables húngaros tampoco fue suficiente para imponer a los balcánicos. Un segundo cuarto nefasto con un parcial de 5-1, hundió cualquier esperanza de semifinales para los nuestros, que salvaron el honor frente a Croacia en la lucha por el quinto puesto. Londres más de lo mismo, Rafa Aguilar no consiguió mientras estuvo al frente de la selección dar ese paso más que se buscó tras los Juegos de Atenas, y esta vez fue Montenegro el que apeó a España en cuartos tras una competición discreta. Cuando ‘Gabi’ Hernández coge el equipo en mitad de este ciclo olímpico, la situación es complicada y desesperanzadora de cara a Kazán y Río. Las ausencias de hombres como Xavi García o Felipe Perrone por distintas razones, marcan las nuevas convocatorias y entra gente joven manteniendo la cohesión con los más veteranos. Río acaba bien, es un equipo en crecimiento que hace una fase de grupos destacable y que tiene como dudoso premio cruzarse con el indiscutible favorito, que hasta entonces había estado de vacaciones en la ciudad carioca. Poco se puede achacar a los nuestros tras la extrañísima primera fase. España finalmente es séptima tras caer con Grecia y vencer a la anfitriona, el peor resultado desde la décima posición en Múnich 1972. La barrera de los cuartos y siempre ante serbios o montenegrinos es algo que quedará en la historia de nuestros chicos, esperemos que dentro de cuatro años, para no seguir sumando decepciones y no despedirnos tan pronto de las opciones de medalla. Lo que quedan son los resultados, pero lo cierto es que la evolución de esta España para cambiar la situación parece ser la correcta. El equipo crece en cada campeonato, y planta cara a cualquier rival, excepto a los serbios con los que parece no poder nadie. Pero se compite y se gana a Croacia, Montenegro o Italia, que es el escalón donde debe estar España. Sería erróneo centrarnos únicamente en un marcador, sin analizar en profundidad lo sucedido durante el torneo o en cada partido. España está en el sitio, ahora solo falta reafirmar el buen momento en este ciclo.

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