Un grupo que apuesta por escribir su propia historia

Ocho de los trece jugadores de la selección española –plata en el Europeo- tiene 25 años o menos; los casos de Roger Tahull (1997), Álvaro Granados (1998) y Alex Bustos (1997) son los más sorprendentes

Son jóvenes y se quieren comer el mundo”. Estas fueron las palabras de Felipe Perrone justo después de conseguir el pase a la final del Europeo de Barcelona. A sus 32 años el hispano – brasileño ha vuelto a un podio internacional. Y lo hizo siendo junto a Marc Minguell (33 años), Fran Fernández (32 años), Blai Mallarach (30 años) y Dani López Pinedo (38 años), uno de los más veteranos de un equipo en el que los jóvenes han tomado la palabra. Justamente cuatro de estos cinco deportistas fueron partícipes nueve años atrás de la última alegría del waterpolo español masculino.

En aquella ocasión una fatídica tanda de penaltis nos dejó con cara de tontos ante Serbia en Roma. Ahora el cambio generacional que ha logrado liderar desde el banquillo David Martín ha conformado una simbiosis perfecta entre experiencia y juventud, puesto que la samba de la selección no sólo pasa por la figura de Perrone, sino que también lo llevan a la práctica una camada de deportistas que forman ya el núcleo duro del equipo nacional. Y es que de los trece jugadores que dan forma a la selección, ocho son nacidos (al menos) en el año 1993. O lo que es lo mismo un 62% de la selección tiene 25 años o menos. Un dato que habla por si solo del prometedor futuro que tiene por delante el waterpolo español masculino, con la media actual en los 26,46 años.

Una nueva era

Dejemos que este equipo escriba su destino”, puntualiza el seleccionador sobre un grupo de ocho deportistas que a excepción de Miguel de Toro y Sergi Cabanas -que lo hacen en CE Mediterrani y CN Sabadell, respectivamente- juegan en el CN Atlétic Barceloneta. “Somos un grupo que se quiere comer el mundo y que llevamos ya unos años trabajando para llegar hasta aquí”, explica Marc Larumbe que tras dar sus primeras brazadas en el CN Catalaunya, y pasar luego por el Medi dio el salto hace tres años al CNAB, con el que ha logrado, entre otros títulos tres Copas, tres Ligas y tres Supercopas de España. El barcelonés es de los que piensa que la entrada de sabia nueva al equipo ha dado un vuelco a la forma de afrontar las competiciones. “Se ha notado el cambio; ha sido un empuje total”, apunta

Y es que nadie en esta selección oculta que en la última década, el waterpolo español masculino se sumergió en una depresión que más allá de trabajar a la sombra de los éxitos del femenino no eran capaces de dar un vuelco a la situación. “Es una nueva era y tenemos que aprovecharla. A nosotros nos empujan a dejarnos todo y a ser mejor que el día anterior”, reconoce Dani López Pinedo, capitán del equipo y jugador de mayor edad con 38 años recién cumplidos. “Tienen hambre de lograr grandes éxitos; y si siguen trabajando así lo lograrán“, puntualiza el seleccionador quien considera que “estos jugadores han llegado para romper una barrera“. Esos aires de inferioridad que habían sumido al equipo español, en un juego sin inspiración ni personalidad. Para los integrantes del equipo, la clave reside en la comunión latente entre los mal llamados nuevos y los consolidados internacionales. “Hemos roto los complejos“, comenta uno de los que más internacionalidades acumula, Fran Fernández, quien llegar a decir que en lo que lleva en el equipo nacional “nunca había existido tanta química como ahora”.

Tres ejemplos a seguir

Lo cierto es que dentro de esta lista de jóvenes perlas de nuestro deporte que vienen pisando fuerte, hay quizás tres casos que asombran por encima del resto. Se trata de Álvaro Granados, Alex Bustos y Roger Tahull. Mientras que los dos últimos son nacidos en 1998, Granados lo hizo un año más tarde. Los tres presentan similitudes y diferencias. Mientras que los tres han explotado sus cualidades técnicas y físicas bajo la estela del CNAB, los tres a su vez lo han hecho asumiendo responsabilidades en posiciones bien diferentes. Álvaro Granados es un jugador que destaca de primeras por su impactante altura. Un metro noventa es su carta de presentación. Sus inicios datan de bien joven. Lo hizo en el CN Terrassa. Pronto los entrenadores se dieron cuenta de sus cualidades.

Siempre ha sido un deportista avispado, capaz de desequilibrar un partido”, explica Dídac Cobacho, quien en la temporada 2015/2016 le dio la oportunidad de debutar con el primer equipo en División de Honor, después de una tímida participación el año anterior. Pronto su incansable trabajo, su seriedad y concentración para con los partidos le hicieron despuntar. En su segundo año en la máxima categoría cogió el testigo de todo un clásico en Terrassa como Sergi Mora para dar un salto de calidad que le permitió erigirse como máximo artillero. 48 goles en cerca de 30 partidos, entrando en el Top10 de goleadores. Estos números hicieron pronto que muchos le quisieran. Fue Chus Martín quien le invitó a crecer en la San Sebastià. Y vaya si lo hizo. En su primer año, ganó todas las competiciones nacionales y se colgó en Génova la medalla de bronce. “Ha sido un cambio importante, pero a mejor”, explica un jugador que creció al ritmo del CAR. Estuvo incluso un año extra bajo beca de la Federación Catalana. “Sabíamos hasta donde iba a llegar; y lo que le queda“, apostilla Svilen Piralkov, responsable de tecnificación de la FCN, sobre un jugador que despide del Europeo con grandes números: 130 minutos jugados, 6 goles y 4 asistencias.

Un sueño cumplido

Ahora Granados se codea con aquellos jugadores que idealizó desde pequeño. Con aquellos deportistas a los que siguió y tomó como referencia desde muy pequeño. Aunque ya acumula una participación en un Campenato del Mundo y una medalla continental, lo cierto es que lleva destacando en las selecciones de categorías desde bien pronto, haciendo jugado hasta cinco Campeonatos internacionales. En alguno de ellos, incluyendo, en el que consiguieron la plata en Estambul o Baku, el egarense coincidió con el que ahora es su compañero y amigo inseparable tanto en CNAB como en la selección. Se trata de Alex Bustos, un madrileño que hace dos temporadas dejó la capital para marcharse a la ciudad condal.

No todos los días uno recibe la llamada de un club de esta categoría“, relata un jugador que tras pasar por la Blume de Madrid, donde estuvo a las órdenes de Emilio Camarena, recibió la oportunidad por medio de Chava Gómez de debutar en el primer equipo del Canoe. Su capacidad para intervenir en distintas facetas del juego le hizo ser en un fijo en el engranaje del equipo de Pez Volador. “Humilde,trabajador y muy perfeccionista. Todo eso hace que tenga la clase que tiene“, asegura Mario García sobre uno de sus pupilos, el cual ha sabido reinventarse para ganarse la confianza de todo el staff. “Me considero un jugador polivalente al servicio del entrenador; bien puede defender, bien puedo meterme a la boya cuando mis compañeros tengan que tomar un respiro, o bien puede aportar cosas desde el arco“, declara el jugador, quien se despide el Campeonato con 3 goles y 9 asistencias. Números que hablan por sí sólo de que su rol es ser un jugador de equipo con capacidad para estar en los momentos claves.

Hablar de juventud, desparpajo y a la vez de responsabilidad no se entendería si no mencionáramos a Roger Tahull, quien aunque se inició bajo el arropo del CN Montjuic, muy pronto se marchó al CNAB. Allí se forjó como jugador, se fajó con algunos de los mejores jugadores que ha pasado por la entidad y ahora se ha convertido en uno de los pesos pesados del equipo haciendo tándem en la boya con el croata Josip Vrlic, quien según reconoce es una de sus “grandes referencias en la que fijarse“. 21 años, casi 100 kilos y 1,95 metros de altura le convierte en el tercer jugador más alto de la selección. Su figura marca la hoja de ruta del equipo nacional. Se pelea, lucha, recibe, pero siempre se vacía en el agua. Algo que valoran sus entrenadores. “Es un jugador luchador que lo da todo, sin importarle nada“, comenta Martín, sobre un deportista que al igual que opinan sus compañeros “nos hemos ganado por trabajo y dedicación marcar nuestra propia hoja de ruta“. Por ahora, el peso del pasado que tanto le ha venido castigando, parece haber dado un cambio de aires.

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