¿Conocemos nuestro deporte? ¡La lógica!

Los estudios han demostrado que el waterpolo es un deporte colectivo intermitente compuesto por esfuerzos intensos con duraciones menores de 15 segundos y de trabajos a una menor intensidad de menos de 20 segundos

Una imagen de un partido / JOSEP ARNAU (ATELIER PHOTO)

Leonardo da Vinci decía que aquel que le gusta la práctica sin la teoría, es como el marino que navega barcos sin timón ni brújula y nunca sabe dónde anclar. Ambas son necesarias. Por ello, es imprescindible realizar un análisis descriptivo de la lógica interna de nuestro deporte. En este sentido, Smith (1991, 1998) ha demostrado que el waterpolo es un deporte colectivo intermitente compuesto por esfuerzos intensos con duraciones menores de 15 segundos y de trabajos a una menor intensidad por debajo de 20 segundos, con una densidad en un partido de 5:2.

En este sentido, varios autores (Avlonitou, 1991; Hohmann & Frase, 1992; Platanou, 2009) concluyeron que las y los jugadores requieren energéticamente niveles altos aeróbicos y anaeróbicos de manera simultánea. Está aceptado que el sistema aeróbico es grande, en torno el 60%; mientras que el anaeróbico láctico es limitado, un 30%, jugando un papel decisivo; y el anaeróbico aláctico, un 10%. En el caso del portero o portera, debido a su especificidad, la demanda aeróbica es menor, siendo fundamental la solicitud anaeróbica (Torras et al., 1995).

Posición horizontal

Asímismo, cabe destacar que los/las jugadoras están solo un 45-55% del tiempo total en posición horizontal, transportando el balón. La mayoría de las acciones técnico-tácticas, en cambio, las realizan en posición vertical, unido al contacto con el oponente, y a una intensidad razonablemente alta, como se indica por los registros de la frecuencia cardíaca (Smith, 1998). Precisamente, nos encontramos que presentan una frecuencia cardiaca del 80% durante todo el tiempo en el agua. Este hecho, nos exige un moderado/alto metabolismo aeróbico persistente al no haber suficiente tiempo para la recuperación.

Tsekouras et al. (2005) evaluaron varios parámetros fisiológicos determinantes en el rendimiento deportivo. Por una parte, el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx), en este caso focalizando la medida del pico máximo (VO2 peak), registrado en 57,9 ± 7 ml/kg/min. El VO2 máx nos indica la capacidad y potencia aeróbica, y una medida alta nos permite una mejor recuperación después de los esfuerzos, soportando mayores cargas de entrenamiento. Por otra parte, el umbral anaeróbico (LT), identificado en 3,9 ± 0,7 mmol/l. Este parámetro hace referencia a la zona de intensidad del ejercicio a partir de la cual se comienza a utilizar de manera mayoritaria el metabolismo anaeróbico, originando fatiga. Sin embargo, debemos de tener en consideración que los valores mencionados expresan la producción de lactato después de una sola sesión de natación, por lo que puede que no reflejen la naturaleza intermitente de nuestro deporte, en el que encontramos una moderada demanda del sistema anaeróbico láctico debido a acciones intensas, movimientos verticales, luchas, tiros, pases, etc.

[bs-quote quote=” Los jugadores de arco, en cambio, logran los mejores resultados en la mayoría de las pruebas de nado y salto. Sin embargo, no encuentran diferencias en valores de anchuras ” style=”style-14″ align=”center”][/bs-quote]

En cuanto a las características antropométricas, algunos autores (Alcaraz et al., 2011; Ferragut et al., 2011; Idrizovic et al., 2014; Kondric et al., 2012; Tan et al., 2009), demostraron que existen diferencias significativas en función de los diferentes roles en el juego, tanto a nivel femenino como masculino. Normalmente las/los defensores poseen mayor nivel de masa corporal y muscular, índice de masa corporal (IMC) y longitud del pie; y las/los jugadores de arco, en cambio, logran los mejores resultados en la mayoría de las pruebas de nado y salto. Sin embargo, no encuentran diferencias en valores de anchuras. Lo mismo ocurre con el somatotipo de Sheldon, sistema de clasificación del tipo corporal ó físico (ectomorfo, mesomorfo, y endomorfo). En general, los/las deportistas muestran un mesomórfico balanceado, es decir, son personas fuertes, musculosas y atléticas. A su vez, las/los atacantes presentan mesomórfico equilibrado; y las/los defensores y boyas, en cambio, endo-mesomórfico, con mayores niveles de grasa en sus cuerpos (Aleksandrović et al., 2007; Ferragut et al., 2011; Vila et al., 2013).

No podemos olvidar que las demandas pertinentes son moldeables, determinadas por la estrategia de cada entrenador y/o entrenadora a lo largo de los partidos.

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