Jesús Rollán, el alma de todo un equipo capaz de ser único

Cuando se cumplen 15 años del fallecimiento del que ha sido el mejor portero de la historia del waterpolo, es buen momento para poner así en valor la figura de un buen deportista

El mejor recuerdo. Aunque nada de lo que hagamos podrá devolver a Jesús, es de justicia recordar el que fue el alma de un equipo, porque la selección, aquella selección que mandó en el waterpolo mundial durante una década, fue un equipo en toda la amplitud de la palabra, con complicidades, solidaridad y amistad, que unidos a su categoría deportiva les hizo ser los mejores. Jesús, era un portero superdotado, el mejor que he visto, pero por encima de todo era una persona excepcional. Nacido en Madrid el mes de abril de 1968, llegó a Barcelona, al CN Catalunya en el año 1986, el del Mundial de Madrid, para mi fortuna coincidiendo con mi legada como técnico del prestigioso club barcelonés que de la mano de Toni Esteller había llegado a arañar el título de liga quedándose a un gol en la prórroga. El proyecto era ambicioso y la llegada de Jesús, acompañado por Pedro García Aguado, era una apuesta importante, para consolidar una línea de trabajo y conquistar los títulos que hasta aquel momento solo CN Barcelona, CN Atlétic Barceloneta y CN Montjuïc habían conseguido.

| Unos comienzos humildes

Jesús tuvo que ganarse el puesto, en el club habían dos porteros de nivel, Castellsagué y Subias, que no estaban dispuestos a ponérselo fácil y más cuando el club, en su primera participación a nivel continental (Recopa de Europa) consiguió llegar a la final sin la participación de los ‘fichajes’. La reglamentación de aquella época hacia que la competición europea se jugase con los jugadores que habían conseguido la clasificación la temporada anterior. Pero estaba predestinado. Pronto pasó de competir por la titularidad a ser indiscutible, también en la selección.

Y empezó a hacer historia, aquella temporada se celebró la primera Copa del Rey, y el CN Catalunya se impuso en una gran final al CN Barcelona. Fue el primero de los grandes títulos del club y de Jesús. En mi etapa como técnico, con un equipo maravilloso, firmamos cuatro copas del Rey, cuatro Ligas Nacionales, un subcampeonato de la Recopa de Europa, un subcampeonato de Copa de Europa, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa. Pero el historial de Jesús siguió creciendo hasta ser tan grande en títulos que estos quedaron pequeños. El mundo del waterpolo le reconocía como el mejor portero del mundo. Pero lo mejor de Jesús era su proximidad y personalidad que le hacía llegar al corazón de todos los que le conocían. Como jugador, más que alabar y recordar su actuaciones, mejor recordar, hechos anécdotas que hablaban de cómo era ÉL. Permítanme que lo ponga en mayúsculas. Jesús era la risotada franca, la carcajada que sonaba después de cada broma. Era la sencillez. Era el beso al balón después de cada parada. Era el reto al delantero contrario al que solo con la mirada le hacia la portería pequeña. No puedo dejar de narrar alguna anécdota que le definían. En una final del Campeonato de Catalunya y para decidirla llegamos a los lanzamientos de penalti. En aquella época un jugador podía lanzarlos todos si así lo decidía el técnico. El técnico contario así lo hizo, el jugador encargado era Chava Gómez. Confío que no le moleste lo recuerde.

| Un tipo con personalidad

Se iban sucediendo los lanzamientos con gol para cada equipo hasta que llegó el séptimo y Jesús me dice “Gaspar, ¿puedo lanzar?” “Si claro”. “Pues déjame lanzar el próximo. Lo meto y paro el siguiente”. Y no lo duden, así fue. O en la semifinal de la Copa de Europa, jugando contra el Ferencvaros, cuando llegamos a la muerte súbita. En el descanso me dice “Gaspar, ¿ahora que pasa?” “Pues que el que marca primero gana” “Pues no te preocupes, está hecho ellos no lo meten” y así fue, dos inferioridades, dos jugadores en ventaja ante ÉL y el mismo resultado: balón a sus manos.

Pero quizás el mejor premio, que uno puede tener es haber podido convivir con lo que ha sido una persona única, capaz de luchar, de darlo todo por los suyos o los que lo necesitan. Aún recuerdo pasmado como en un programa televisivo en que personajes conocidos por la sociedad, artistas, políticos, deportistas, entregaban objetos para que se subastasen y que Jesús saliera Y dijese “doy la medalla de oro olímpica” sorprendiendo a propios y extraños, y es que Jesús era así: capaz de darlo todo. No lo necesitaba porque él era lo mejor, él era de oro de 24 quilates, y tuvimos la suerte de disfrutarlo. Solo recordarle explicando lo feliz que era en la cabalgata de los reyes magos de Madrid con su hija Asia, con los ojos brillando. Decía siempre lo mucho que la amaba. No sé porque razón absurda, no sigue con nosotros, pero seguro que todos los que hemos tenido la suerte de conocerle le recordamos cada día y hacemos justicia a la persona, a la leyenda del waterpolo que por encima de todo quería. Muchas gracias Jesús.

twitter-bird@GasparVenturaM

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