La Copa no siempre fue igual: un viaje por el torneo del KO

Aunque no lo parezca no siempre el torneo del KO ha tenido el actual sistema de ocho equipos con libre sorteo; hacemos un repaso de los diferentes formatos, así como de los grandes dominadores

El primer equipo del CN Sabadell que consiguió una Copa / G.V.

Parece que el sistema actual de la Copa del Rey, con los ocho primeros clasificados al final de la primera vuelta de liga, o el organizador en lugar del octavo, como sucede esta temporada con el Automotor Canarias Echeyde, haya sido el único sistema de la competición más emocionante del calendario nacional de waterpolo. La Copa, nació con este título y no es tan longeva como la Liga o el Campeonato de España, ya que antes surgió la Recopa de Europa, nacida en el año 1974 sin participación de equipos españoles, la segunda competición en importancia de las continentales por clubes.

Durante varias temporadas, era el segundo clasificado de la Liga Nacional el que participaba en dicha competición. No fue hasta la temporada 1986-87, en que se celebró la primera edición, en la que se impuso el CN Catalunya, en una final a doble vuelta que tuvo como marco excepcional en el partido decisivo la piscina de la Escullera del CN Barcelona. Si, ha doble vuelta. Parece raro desde la perspectiva actual pero es importante explicar la evolución de este torneo a través de los años. El equipo campeón de esta primera edición estaba compuesto por Joan Castellsagué, Sergi Pedrerol, Josep Picó, Jordi Neira, José Antonio Rodríguez, Foncho Esteller, Sergi Pallarés, Jesús Rollan, Edgar Geli, José Montero, Francesc Granada, Albert Girbal, Pedro “Toto” García y Toni Aguilar.

[bs-quote quote=”No fue hasta la temporada 1986-87, en que se celebró la primera edición en una final a doble vuelta que tuvo como marco excepcional en el partido decisivo la piscina de la Escullera” style=”style-17″ align=”center”][/bs-quote]

En primer lugar debemos valorar su ubicación dentro de la temporada. El primer criterio fue que la Copa debía jugarse al inicio de la temporada, ya que se entendía que las primeras eliminatorias podían poner en forma a los equipos para las semifinales y final, así como la Liga Nacional. Con ello se igualaba la ventaja que significaba para los clubes con competición territorial importante como podía ser los de la Federación Catalana, que empezaban más en forma tras haber jugado su campeonato zonal.

Seguidamente se optó por un modelo diferente: la celebración de la Copa era inmediatamente después de terminar la Liga Nacional. Con ello el campeón de Liga parecía no tener tanta ‘hambre’ de títulos y con ello se favorecía a una mayor oportunidad de los rivales para conseguir un título. Esta situación en el calendario chocaba con el inicio de la preparación de la selección. Así que se buscó una solución que sumase todas las virtudes de una competición especial, es decir, emoción, incertidumbre, personalidad propia e importancia, alejada del final de la Liga Nacional, para que esta no captase toda la atención de clubes, aficionados y prensa. Y esta solución es el sistema actual.

Se juega pasada la mitad de la Liga Nacional, con lo que permite que sean los equipos más en forma los que rivalizan por el triunfo, se juega a partido único y con sorteo libre, la mejor de las fórmulas para favorecer las sorpresas y el titulo tiene el realce que merece, lejos de las finales de Liga o competiciones europeas y sin perjudicar la preparación de las selecciones nacionales o de los clubes en Europa.

Al inicio de curso

Más allá de las fechas, la evolución del sistema ha sido clave la evolución de los equipos a participar. En aquellas épocas habían diversas razones ha tener en cuenta, entre ellas las de las subvenciones que recibían los equipos por competir en una u otra categoría, en la que nuestra Liga Nacional estaba dividida en A-1 y A-2, desde el área su premiaba la buena clasificación de la temporada anterior. De esta manera los cuatro primeros de la A-2, se sumaban a los doce de la A-1, para jugar los octavos de final. Por ejemplo y en un ejercicio de memoria histórica, CN Sant Andreu, CN Sant Feliu, CN Moscardó y CE Júpiter se sumaban a CN Barcelona, CN Catalunya, CN Atl. Barcelonea, CE Mediterrani, CN Sabadell, CN Poble Nou, CN Montjuïc, Real Canoe NC, CN Martianez, CN Mataró, CN Terrassa y CN Hospitalet para jugar esta primera eliminatoria el 4 y 11 de octubre, reservándose para cuartos 18 y 25 de octubre, 29 de octubre y 1 de noviembre y la final a partido único el 8 de noviembre. Esta temporada situaba la celebración de la Copa al inicio de la misma para dar margen a la preparación de la selección nacional de cara al Mundial de Perth en enero del 98.

[bs-quote quote=”En la edición de 1992, la Copa que se jugó al final del Campeonato doméstico contó con unos equipos en cuadros sin internacionales que ya estaban pendiente de los JJOO” style=”style-17″ align=”center”][/bs-quote]

Cuando la celebración de la Copa del Rey se situó al finalizar la Liga, eran los cuatro primeros los que llegaban a ella, con una semifinal y final, ya en sede única. Con sus pros y contras -como he comentado anteriormente- sobre todo cuando se instauró el sistema de playoff, para decidir la Liga Nacional, favorecía una muy posible repetición de la final, pocos días después. Asimismo el eco en la prensa era menor, dado que la reiteración de un titulo con poco margen, rebajaba el interés por la segunda de las competiciones. Cabe reseñar la fidelidad y servidumbre de los equipos a la selección nacional, siendo un ejemplo de ello la Copa del Rey correspondiente a la temporada 1992, en la cual los equipos participaron sin los jugadores convocados por el seleccionador Dragan Matutinovic. Ello no impidió que el CN Catalunya, sin Rollán, Toto, Picó, Pedrerol cerrase su temporada con una amplia gama de títulos: Campeonato de Catalunya, Liga Nacional, Copa del Rey, Recopa de Europa y Super Copa de Europa. Así y todo, era evidente que se debía respetar que los clubes pudieran competir con sus equipos al completo. El calendario se debía adaptar para permitirlo.

El sistema actual

Por fin se llegó a la Copa actual, que algunos consideran como el modelo ideal. Estoy en esta convicción. No solo por el sorteo libre, sobre el que algunos ponían en duda su bondad, prefiriendo enfrentamientos dirigidos, lo que privaría que un modesto tuviera la ocasión de llegar a disputar la final, sino por muchas otras cuestiones. La sede única. Solo en este punto lleva a que la Copa sea un auténtico acontecimiento donde se reúnen ocho equipos y sus aficiones. Ello, por sí solo, hace pequeñas las instalaciones. Que se dispute a partido único. Es fundamental que cada partido sea decisivo. Es la única competición que tiene reservado este autentico aliciente. La participación del organizador. Ello favorece que el mejor waterpolo español pueda llegar, en vivo, a cualquier rincón del territorio. Y una final que es un auténtico acontecimiento para todos los participantes, equipos, árbitros, auxiliares, público, prensa, etc.

[bs-quote quote=”Esta edición, con el CNAB como favorito para superar la cifra del mal fario de trece títulos, se presenta con la incógnita de si podrá hacer buenos los pronósticos” style=”style-17″ align=”center”][/bs-quote]

El club más laureado con esta competición es el CN Atlétic Barceloneta, pero ha tenido que luchar por cada final, viendo que, a pesar de ganar la liga, la copa iba a las vitrinas de otros conjuntos. Conjuntos que festejaban y festejan la consecución de dicho trofeo como un hecho memorable, al superar al favorito. El 2012 fue el CN Sabadell el último en conseguirlo, la temporada anterior, un CN Barcelona con un Iñaki Agilar sublime bajo los palos, fue el encargado de superar al favorito. El club decano, con ocho títulos es el más cercano a los trece del club marinero, siendo el CN Catalunya, el vencedor de la primera edición, con seis títulos el equipo que estaría en el teórico tercer lugar del pódium.

El CN Sabadell con tres títulos fue uno de los ‘grandes’ sin titulo de liga, que en el 98 consiguió su primer gran trofeo, celebrándolo como lo merecía, así como el CE Mediterrani, que lo hizo en el 93. Real Canoe , con cinco finales, CN Sant Andreu y CN Terrassa , con tres y el CN Poble Nou, con una final, quedaron con la miel en los labios después de llegar a finales soñadas en las que mostraron un gran nivel. Esta edición, con el CNAB como favorito para superar la cifra del mal fario de trece títulos, se presenta con la incógnita de si podrá hacer buenos los pronósticos, en un marco, las islas afortunadas, que permite soñar a todos los participantes.

twitter-bird@GasparVenturaM

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