Ona Pérez y el waterpolo, una tradición familiar

La joven amante del waterpolo siguió los pasos de su padre Sergi Pérez para continuar con la tradición familiar y no sólo haberse consolidado como jugadora, sino también como entrenadora

Ona Pérez que tuvo su primer contacto con el waterpolo por medio Claret Askartza, es actualmente entrenadora del Lautada Urpolo Gazteiz I.K.E. Como ocurre en la mayoría de los casos, acabó dentro de una piscina y con un balón entre las manos, tras pasar por los cursillos de natación hasta que la destreza le permitió centrarse en el balón amarillo y heredar la pasión que le inculcó desde pequeña su padre, Sergi Pérez. “Poco a poco a medida que me iba haciendo mayor y adquiriendo los conocimientos que necesitaba, pude empezar a formar parte en el banquillo del equipo senior de ese momento. Aunque era la mas pequeña con diferencia cada una de mis compañeras de ese momento como el entrenador me enseñaron y me trataron como una más del equipo, sin importar la edad, eso también me ayudo a poder exigirme mas para mejorar, avanzar e ir consiguiendo mas minutos dentro del agua”, explica ahora a WATERPOLISTA.com Pérez, quien cuenta con una tradición familiar entorno al waterpolo.

Toda mi familia es de Barcelona. Mi padre ha sido entrenador en varios clubes catalanes como en el Martorell, el Montjuic o en el San Feliu. En el año 2000, le llamaron desde Bilbao para formar parte como entrenador del primer equipo en el Askartza, entonces nos fuimos toda la familia hacia allí, yo en ese momento tenia seis añitos. Asi que, el que me llevó a practicar ese deporte fue en que a sido el deporte que me a dado de comer desde siempre y el que e visto desde que nací, no podía escoger otro cuando tengo el mejor profesor en casa y el que me a enseñado prácticamente todo lo que se, tanto lo bueno como lo malo de esta profesión“, asegura una deportista que cuando tenía 16 años se marchó junto a su padre a Irún. Allí solo había equipo masculino por lo que un año pudo compartir vestuario en el UPNA y al siguiente en el Lautada (sin saber que años mas tarde iba a acabar ahí como entrenadora). Tras esos dos años poco a poco se fueron animando chicas en Irun por lo que se sacó el primer equipo femenino y alli se quedó otros cuantos años, en el Club Bidasoa XXI.

Su etapas en varios clubes

Sin embargo, su pasión por el waterpolo fue más allá de su etapa como deportista y se centró posteriormente en el papel de entrenadora. “Cuando llegue a Irún empecé como ayudante de mi padre, con el equipo escolar, con los más pequeños. Aparte de él, fueron pasando mas entrenadores de los cuales también fui aprendiendo mas cosas. Hace 4 años me llamaron del Lautada, su objetivo era volver a formar un equipo femenino y querían contar conmigo. El salto más grande fue en ese momento, había estudiado y estaba como ayudante en el Bidasoa, pero ya el irme a otro club ya eran palabras mayores. La verdad y siendo sinceros me daba mucho miedo pero era una muy buena oportunidad pero tenia 23 años y no había vivido sola, asi que mi padre al verme tan indecisa me dio todos los consejos que necesitaba, incluso que me dijo que si después de la primera temporada seguía sin tenerlo claro volviera a casa y esta es mi cuarta temporada aquí, donde en ningún momento he querido volver, siempre y cuando no fuera de visita a por mas consejos y unos cuantos tuppers. Asi que el momento de mi salto fue ese, cuando acepte el reto que tenia el Lautada”, reconoce a la par que marca su hoja de ruta como entrenadora: “el principal reto es seguir creciendo como entrenadora allá donde vaya y pudiendo seguir consiguiendo todos los objetivos que se me pongan por el camino. Ahora donde estoy era conseguir un equipo femenino, llegue con seis chicas en el club y ya somos 28 y espero que poco a poco esa cifra vaya subiendo y crear nuevas categorías únicamente femeninas”, apunta.

No obstante, más allá de esta situación Ona tiene claro los retos a los que se enfrenta el club, ya que entiende que como equipo pequeño, “tenemos la gran suerte de tener como referentes a varios equipos con los que nos enfrentamos en la liga que tienen su equipo senior en ligas superiores, como el Leioa o el U.P.N.A. y en ellos son en los que intentamos tenerlos como referente, para crecer“. “En mi humilde opinión es una suerte tener una liga en la que se compongan de 12 equipos femeninos y de varios niveles donde en cada partido puedes sacar cosas nuevas. Y como digo antes, tener un refrente al lado como el Leioa que juegue en categorías superiores te enseñan que con constancia y enfuerzo se puede avanzar. Estoy convencida de que ellas al enfrentarse a equipos tan fuertes aprenden y tener a jugadoras de tan alto nivel enfrentadas dentro del agua hacen que ellas aprendan y nos lo traigan a nuestra liga. Eso hace que equipos como el nuestro, que nos queda muchísimo camino por aprender, nos enseñen un waterpolo que si no fuera gracias a ellas no tendríamos la oportunidad de verlo ni de disfrutarlo“, puntualiza.

El papel de la mujer en el waterpolo

Por último, da su punto de vista sobre el papel de la mujer dentro del waterpolo, y más relacionado con el papel de la mujer en los banquillos. “nos falta avanzar un poco más (a pesar que siempre me han tratado con mucho respeto todos los entrenadores) y que más chicas se animen a formar parte de este mundo de entrenadoras. La verdad que da mucho gusto cuando te enfrentas a otro equipo femenino con una entrenadora e incluso que arbitren dos árbitras. Al final fuera de nuestro mundo el waterpolo como muchos otros deportes por desgracia, siempre y no se porque están asociados a hombres e incluso la figura de entrenador o árbitro. A veces me a pasado de decir que me dedico a ser entrenadora de waterpolo, mucha gente se sorprende, muchas veces por la palabra de waterpolo pero otras por ser mujer y ser entrenadora y eso es muy triste. Ahora durante estos años aquí en Vitoria trabajo con la fundación Vital que intenta darle visibilidad a la mujer en el deporte y con ellos voy por diferentes colegios de Álava dando masterclass tanto para dar a conocer nuestro deporte como para enseñar a los mas pequeños y sobre todo pequeñas, que para ellas también hay sitio. Es curioso cuando llego a las clases y les pregunto que es lo primero que se le pasa por la cabeza, su respuesta el 80% es “un chico grande y fuerte” y cuando les dijo que yo e sido y soy entrenadora, se quedan con cara de sorprendidos, incluso meses mas tarde me ha venido alguna chica a los entrenamientos de que quería probar y da mucha satisfacción. Me gusta ese pequeño trabajo de poder enseñar tanto el waterpolo, como el papel que desempeñamos cada una de nosotras ya sea dentro del agua, dando instrucciones o con el silbato a los más pequeños”, sentencia.

twitter-bird@waterpolistacom

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