El partido más importante está todavía por jugarse

El waterpolo (como en el deporte en general) aún es ajeno a la igualdad completa entre hombres y mujeres. Hoy 8 de marzo es día de reivindicar derechos desde un punto de vista crítico siendo conscientes de las brechas existentes

La desigualdad en el deporte / QUINÍN GARCÍA

Con motivo de la huelga feminista convocada hoy 8 de marzo, en WATERPOLISTA.COM queremos reivindicar el papel de la mujer en nuestro deporte, y escenificar su necesidad, así como la dureza y sacrificios que tuvieron y siguen teniendo que hacer en su camino. Y es que la historia del waterpolo, como deporte minoritario que es, dificulta un estudio global, sobre todo en el ámbito femenino, ya que el waterpolo, como muchos otros deportes, empezó siendo un deporte “de hombres” y en el que a las mujeres les costó sangre, sudor y lágrimas hacerse un hueco.

El waterpolo no se ha librado de un machismo que ha sido desgraciadamente inherente a la sociedad desde tiempos inmemoriales. Ya en sus inicios, las competiciones femeninas carecían de las subvenciones de la federación para los desplazamientos y los proyectos crecían por fuerza propia, con muchas mujeres implicadas. Así fue evolucionando el waterpolo hasta el momento actual.

Menos equipos

La situación, aunque indudablemente mejor que hace unos años, todavía necesita mejoras, y hay muchas dificultades para que las mujeres puedan conocer y por lo tanto participar en un deporte que sigue contando con una inmensa mayoría masculina. De hecho, de los equipos representados en ligas nacionales, 12 de ellos (la mitad) cuentan con equipos tanto masculino como femenino jugando o bien en División de Honor o en Primera. Eso sin contar las representaciones de equipos masculinos en Segunda División, los equipos que tienen el masculino o el femenino en ligas regionales o los que tuvieron ese protagonismo en el pasado, como pueden ser el Molins, La Latina o el ya desaparecido Alcorcón, que tenía a ambos conjuntos en División de Honor. Dicho de otro modo, la mitad de los equipos masculinos que hay entre División de Honor y Primera (12 en total) tienen un homólogo en las Ligas femeninas en categoría nacional.

No está mal con respecto a hace unos años, pero no podemos olvidar que clubs masculinos como Barceloneta y Barcelona no tienen ni proyectan el waterpolo femenino mientras que otros como el Canoe creó la escuela femenina hace tan solo un par de años. Que el máximo representante del waterpolo madrileño ni siquiera tuviera equipo femenino nos da una idea de las dificultades que tiene este deporte para las mujeres.

Con las entrenadoras pasa lo mismo. En 21 equipos femeninos que se reparten en las dos máximas categorías solo hay dos entrenadoras (primeras entrenadoras, segundas hay más), y ambas en Madrid. Una es Bea Espinosa, del Moscardó, cuarto clasificado en liga regular el año pasado y otra es Mar Rodríguez, entrenadora del Boadilla, que va tercera en Primera Nacional y que está teniendo un papel muy destacado tanto en absoluto como en categorías. Esta cifra se confirma además con la que tenemos en el waterpolo masculino. Ninguna entrenadora en ninguna categoría nacional masculina. Solo 2 entre masculina y la femenina. Una barbaridad.

Ser o no ser

Esto contrasta además con algunos comentarios de dudosa moralidad que acusan al waterpolo femenino de “ser un deporte distinto” pero que luego no alzan la voz cuando los hombres entrenan a las chicas. Esas voces tampoco se escuchan en otros casos similares. Por ejemplo, es común que en verano, en las competiciones internacionales, haya entrenadores (aunque sea de segundos) que siempre han llevado la categoría masculina sentado en un banquillo de chicas. Sin embargo, ver a algún entrenador (ni mucho menos entrenadora) especializado en waterpolo femenino (o que casi siempre entrene a chicas) en una competición nacional masculina es impensable.

Obviamente aún queda mucho por avanzar en este terreno pero no sólo se trata de permitir que se desarrolle el waterpolo femenino dando más licencias femeninas (que por cierto han crecido un 33% en los últimos cuatro años) sino también dotándolo de las herramientas necesarias para que cualquier mujer que quiera ser entrenadora tenga la oportunidad de llegar a serlo.

Lo mismo pasa con las árbitras (y escribo árbitras sin saber si esa palabra existe). A día de hoy (y por desgracia) pocas son las mujeres que se han aventurado en ese mundo. Las cifras hablan por si solas. Es suficiente con echar un vistazo al cuadro de árbitros del Comité Nacional (CNA). De los 89 integrantes, solo 9 son chicas, repartidas en tres de las cuatro categorías (A1, B y C). Hay una categoría más elevada, la A, sin presencia femenina. La última en llegar ha sido Marina Fernández, del Comité Vasco, mientras que la gran veterana es Rosa Rodríguez. Casualmente ésta última junto a tres compañeras más Marta Cabanas, Poli Baños y Yolanda Ruiz hicieron historia, puesto que por primera vez la mitad de árbitros de la pasada Copa de la Reina fueron mujeres. Este hecho puede que sea la primera piedra superada por un gremio que aunque históricamente ha sido minoría, buscan mayor protagonismo bajo un muy buen nivel. Otro dato curioso que minusvalora el waterpolo femenino es que a la hora de arbitrar se equipara la Primera División Masculina con División de Honor femenina, poniendo a la categoría reina del waterpolo español femenino un paso por debajo de la masculina.

Aquellos inicios

Para reivindicar el papel de la mujer vamos a recordar a las grandes protagonistas, las jugadoras. En primer lugar Montse Antón, Mónica Arriola, Maria Cardús, Teresa Xambó, Lidia Calomardo, Lluïsa Gonzalez, Núria Janés, Iolanda Cañellas, Silvia Cañellas, Txell Martí, Rosa Valls, Elisabeth Alcalde y Anna Arriola. Este grupo de mujeres perteneció a la plantilla del Molins y ellas configuraron el equipo que ganó la primera liga femenina de la historia.

Por otra parte, también queríamos recordar a Cristina Ungo, Elisabeth Fuentes, Mariona Ribera, Ana Ramírez, Sara Domínguez, Mireia Ventura, Mercé Vallés, Cristina López, Blanca Gil, Anna Pardo (embajadora de BCN2013), Patricia del Soto y Belén Sánchez Picorelli. Todas ellas formaron parte de la selección española de waterpolo femenino que participó hace 15 años en el Mundial de Barcelona, cayendo en cuartos frente a Canadá (9-8). Ellas fueron el primer grupo de mujeres waterpolistas que consiguieron acceder a la beca ADO de ayuda para los deportistas.

Y por último, Laura Ester, Clara Espar, Mati Ortiz, Jennifer Pareja, Pili Peña, Maica García, Laura López, Marta Bach, Ona Meseguer, Roser Tarragó, Ana Copado, Lorena Miranda y Andrea Blas. Este es el grupo que entrenado por Miki Oca convirtió el sueño en realidad cuando consiguieron la plata olímpica en Londres 2012. Este éxito precedería al oro europeo y sobre todo el Mundial de Barcelona 2013 en la mejor generación femenina del waterpolo español. Las guerreras son hoy una referencia en el deporte español y un espejo en el que mirarse por muchos deportistas.

Hoy queremos reivindicar a directivas, entrenadoras, árbitras y sobre todo jugadoras. Todas ellas merecen nuestro reconocimiento, agradecimiento y aplauso. Hoy dan igual sus nombres, pues eso no impide que las generaciones actuales que hacen grande en todos los sentidos el waterpolo femenino les recuerden con cariño. Hoy queremos reivindicar a la mujer.

twitter-bird@clemenklan

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