La reconversión interna Itziar Antón

La exjugadora madrileña sigue creciendo como entrenadora en un waterpolo balear que se encuentra en pleno auge; Antón no sólo ejerce de entrenadora en el Campusesport, sino que además contará con minutos en la fase de ascenso

Jugar a medio gas es una opción para algunos que sienten que no pueden compaginar su vida laboral con la práctica del waterpolo. Para aquellos que ven que no pueden rendir al cien por cien en la universidad o el trabajo y, al mismo tiempo, en la piscina. No lo fue para Itziar Antón, que, cuando vio que no podía seguir dando el máximo, optó por retirarse. Una dura decisión que, por cierto, le supuso una gran depresión. Ahora, disfruta de su pasión en las Islas Baleares.

Por circunstancias familiares, Antón, que se define como una jugadora intensa y con visión de juego a la que le gustaba competir, entrenar y asumir retos día a día, vivió sus primeras etapas en tres de los grandes clubs de Madrid, en los que compaginó el waterpolo con la natación: el AR Concepción, en el que dio sus primeros pasos; el Club Encinas de Boadilla y el CN Ondarreta, al que llegó con catorce años.

Precisamente, su llegada a este último coincidió con la apertura del Centro de Tecnificación de Madrid, del que formó parte. “Me dio la oportunidad de formarme con grandes maestros y vivir entregada al waterpolo con un grupo espectacular”, recuerda la exjugadora madrileña, quien tras formarse en Alcorcón decidió asumir nuevos retos en su carrera. Primero, se fue al CW Dos Hermanas tras su acscenso a División de Honor. Dos años más tarde, a un CN Ciutat cuyo objetivo era lograr alcanzar esta categoría.

Waterpolo y psicología, de la mano

La práctica de esta disciplina, según Itziar Antón, le permitió adquirir una serie de valores que a día de hoy valora en su día a día. Entre ellos, destaca el autoconocimiento personal sobre sus habilidades y sus límites, sobre cómo mejorar o superar estos últimos. Según la madrileña, que asegura que hay que asumir que el fallo existe, cuando superamos un límite gracias a nuestras habilidades nos aproximamos al éxito personal: “Día a día fallamos en cualquier ámbito y día a día tenemos la gran oportunidad de disfrutar superándonos”.

Por otro lado, Antón también afirma que el deporte le ha hecho apreciar la importancia del trabajo en equipo y la convivencia. La exjugadora, que tras su retirada se ha preocupado por los nuevos contextos en los que iba a estar, conocer a las personas y buscar un buen ambiente para ellas en el que disfruten de las cosas que les hacen ser diferentes, cree que, para obtener un buen rendimiento, un conjunto tiene que buscar la sintonía perfecta entre un grupo de individuos que representan roles diferentes.

Los primeros pasos que tenemos que dar son la creación de un equipo arbitral acorde al nivel de la competición, la definición de un programa de tecnificación y el aumento del número de técnicos formados

Finalmente, considera que la práctica deportiva le ha aportado altas dosis de responsabilidad y compromiso. “En alguna ocasión mi excesiva responsabilidad me ha jugado malas pasadas porque ha provocado que dejara de lado algunas áreas más personales”, asegura Antón, quien comenta que actualmente ha encontrado el equilibrio en todos los aspectos de su vida.

Todos estos valores se los intenta transmitir ahora a sus jugadores, de los que espera que los puedan transferir a su mundo personal o laboral. Lo hace también desde su faceta como psicóloga, en la que su experiencia como deportista tiene una gran influencia. “El deporte de alta competición te expone a situaciones extremas, he tenido la oportunidad de vivir muchas de las problemáticas a las que se enfrentan mis jugador@s o bien niñ@s que vienen a consulta y no son deportistas”, explica la exwaterpolista, quien se centra en atender a las categorías inferiores para prevenir el abandono deportivo de los más jóvenes y mejorar su rendimiento escolar, así como en actuar contra problemáticas como la ansiedad competitiva.

El Campusesport, un ejemplo del auge

Aparte de en su función de psicóloga deportiva, su experiencia también le ha resultado de utilidad a la hora de ejercer como entrenadora. Ahora, lo hace en el CampusEsport, club cuyo objetivo es mejorar su estructura y crear una base sólida para conseguir aumentar su presencia en campeonatos nacionales. Por el momento, los resultados obtenidos son más que positivos, ya que jugarán una fase de ascenso que, según Antón, demuestra la ilusión, las ganas y la entrega de todos los que componen la entidad. “Es una recompensa que nos da la oportunidad de seguir creciendo”, asegura la entrenadora, quien hace quince años, a las órdenes de Cato Oca, disputó en Rubí su primera fase de ascenso como jugadora. De hecho, fue su primera competición nacional.

Los éxitos del Campusesport son también una muestra del buen trabajo realizado en el waterpolo balear, que ha visto como en dos años las licencias y el número de partidos han crecido exponencialmente. Eso sí, Itziar Antón considera que todos los equipos y la federación todavía tienen mucho trabajo por delante. “Los primeros pasos que tenemos que dar son la creación de un equipo arbitral acorde al nivel de la competición, la definición de un programa de tecnificación y el aumento del número de técnicos formados”, concluye.

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